LOADING CLOSE

Cálculo fallido

Cálculo fallido

Tiempo de lectura 2 minutos

Wang Feng había perdido todo contacto con la civilización, o lo que quedara de ella, hacía muchos años.
Pasaba las noches sentado en su mecedora dentro de su inexpugnable casa observando las estáticas sombras que arrojaba la luz de la luna. Todas las noches la misma rutina, hasta que comenzaba otro tórrido amanecer.
Comprobó la fecha en su reloj de pulsera, recordando que nunca había fallado en ningún cálculo. Y menos en éste que había repasado miles de veces. De hecho muchas veces se sorprendía a sí mismo recitándolo como si se tratara de un mantra.
Apenas diez minutos de contemplación del exterior le servían para que su memoria le dibujara el aspecto de una pradera verde, y de este modo aguantar un día más de tortuoso encierro.
Hacía treinta años que había invertido la fortuna que había ganado especulando en la bolsa de Shangai en construir su pequeña fortaleza en Oymyakon.
Su viaje hasta el lugar más frío del planeta se comenzó a fraguar una noche de invierno extrañamente cálida. Feng se despertó en plena madrugada empapado en sudor y una sensación de angustia que le consumía hizo que buscara una solución a aquel calor sin sentido. De inmediato comenzó a buscar información meteorológica de las últimas décadas. Con todos esos datos realizó sus propios cálculos sobre el cambio climático.
En esta labor obsesiva invirtió meses completos, hasta el punto de abandonar su actividad de exitoso broker. Su enorme habilidad para realizar complejísimos modelos predictivos le había permitido hacerse inmensamente rico y estaba convencido de que también le permitiría sobrevivir a la hecatombe que le mostraban los números.
No contó sus planes a nadie. Vista la trayectoria de las últimos siglos era una lucha inútil. Simplemente desapareció de su vida anterior y se dedicó a observar cómo se iba borrando al vida de los demás.
De repente un extraño ruido le sobresaltó y le sacó de su ensimismamiento.
Feng comenzó a deambular por la casa comprobando los interruptores, los purificadores de aire, los aparatos de aire acondicionado, los refrigeradores, todos estaban apagados. Tras un momento de pánico, se acordó de su reloj. Lo miró y se dio cuenta de que no había sido un ruido lo que le había sobresaltado, si no el silencio sepulcral que invadía toda la casa al detenerse el generador eléctrico que había consumido el último trago de combustible.
Había llegado el fatídico momento de aceptar que su cálculo había sido correcto nuevamente y que el gasóleo se había agotado.
Ahora sólo le faltaba esperar el natural desenlace de los acontecimientos.
Qué ironía, todo el mundo pensaba que cuando se dejara de consumir derivados del petróleo la atmósfera respiraría aliviada y la temperatura bajaría. Feng estaba convencido de que eso sucedería, pero con amargura se daba cuenta de que ése era su único cálculo fallido: la atmósfera tardaría mucho más en enfriarse de lo que sus modelos predictivos le habían hecho pensar.
Wang Feng asumió su fracaso. Miró por última vez su reloj para confirmar la exactitud de su cálculo. Eran las 8:41 AM. Observó el termómetro exterior que marcaba 121 grados centígrados, sonrió amargamente y abrió la puerta para dejar que le consumiera el aliento del dragón.

Este relato y muchos otros más los puedes encontrar en el libro Relatos Monodosis

(2) Comments

Deja un comentario

UA-31091003-1