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El fin de la candidez

El fin de la candidez

Tiempo de lectura 1 minuto

Pero ya nada sería igual. Su infantil inocencia había recibido una herida mortal.

Ella solía entrar en la habitación de sus padres con total confianza. No obstante esa noche no entró. Los susurros, las risitas entrecortadas que intercambiaban sus padres la alertaron y decidió espiarles por la rendija de la puerta entreabierta.

Atónita observó el incesante movimiento de sus padres. “No hagas ruido, nos puede oír la niña”, oyó decir a su madre.

El crepitar del papel de regalo cesó. Vio el armario repleto de juguetes y volvió a su cuarto llorando para escribir su última carta a los Reyes Magos.

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