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Blog

2011
Tiempo de lectura: 4 minutos

Hoy 11 del 11, además de ser el día de demostrar la amistad gastando dinero en Ali Express para que alguien que conoces reciba algo que ya no le cabe en su casa, es una buena excusa que incita a la reflexión sobre cómo era mi vida hace 11 años.

Pensar en el pasado no es un ejercicio nocivo, es más, quien no recuerda experiencias anteriores está condenado a repetir algo tan humano como cometer los mismos errores. El problema viene cuando alguien se ancla en un tiempo gastado y deja de evolucionar.

Esta pequeña mirada al pasado me conmueve por el modo en que mi vida ha cambiado. En aquella época, once años atrás, daba por sentado que mi existencia se mantendría en la misma situación de limbo hasta que llegara el momento de descubrir si el único dios que espera al final del camino es el de Spinoza. Nada me hacía suponer que iba a salir del bucle de infernal confortabilidad profesional y de cercenante vida personal en el que me marchitaba.

Los días pasaban trabajando en casa —sí, soy un pionero en esto que tan de moda está del trabajo remoto desde principios de siglo—. Mi compañera de vida no me ponía la susodicha demasiado fácil, al punto de que la mayor emoción de mi existencia residía en pasear los perros, mientras que el resto del tiempo lo empleaba en dejar que mi cuerpo se volviera graso y flácido, mirando programas de televisión donde gritan mucho con el único objetivo de que te vuelvas gilipollas. Eso sí, al menos descubrí la escritura como vía de escape.

Pero cualquier tesitura es susceptible de cambiar, más si cabe cuando la situación se vuelve insostenible y una ya no puedes renunciar a más de ti mismo. Llegado ese instante, o tomas decisiones drásticas, o te encargas un pijama de madera.

Tengo la sensación de que mi vida comenzó a partir de ese momento de ruptura con la comodidad del día a día. Dejé un trabajo en le que me hacían la existencia imposible y me reinventé profesionalmente. Conocí a la mujer de mi vida que me ha dado una maravillosa hija y que me ha apoyado en todos los proyectos que he emprendido. He salido de mi zona de confort de una forma increíble.

Casi no reconozco a aquel ser con más pelo y menos vida. Y del mismo modo, ese antiguo yo jamás imaginó que en apenas una decena de otoños, tendría que compaginar reuniones en inglés con los deberes de una hija que le obliga a ser mejor persona cada día, que desempeñaría un rol que no existía años atrás, que escribiría varios libros, que incluso se atrevería con la actuación y que mantendría la necesidad de seguir aprendiendo de personas que desbordan talento.

Por eso puedo decir que hace 11 abriles todavía dormitaba en una especie de estado larvario con relación a lo que es vivir. Espero continuar evolucionando y que dentro de 11 años pueda decir que he sabido aprovechar las oportunidades que ha puesto la vida en mi camino.

 

Hoy 11 del 11, además de ser el día de demostrar la amistad gastando dinero en Ali Express para que alguien que conoces reciba algo que ya no le cabe en su casa, es una buena excusa para reflexionar sobre cómo era mi vida hace 11 años.

Pensar en el pasado no es un ejercicio nocivo, es más quien no recuerda el pasado está condenado a repetir algo tan humano como cometer los mismos errores. El problema viene cuando alguien se ancla en el pasado y deja de evolucionar.

Esta pequeña mirada al pasado me conmueve por el modo en que mi vida ha cambiado. En aquella época, once años atrás, daba por sentado que mi existencia se mantendría en la misma situación de limbo hasta que llegara el momento de descubrir si el único dios que espera al final del camino es el de Spinoza . Nada me hacía pensar que iba a salir del bucle de infernal confortabilidad profesional y de cercenante vida personal en el que me marchitaba.

Los días pasaban trabajando desde casa  —sí, soy un pionero en esto que tan de moda está del trabajo remoto desde principios de siglo—. Mi compañera de vida no me ponía la susodicha demasiado fácil, al punto de que la mayor emoción de mi existencia residía en pasear los perros, mientras que el resto del tiempo lo empleaba en dejar que mi cuerpo se volviera graso y flácido en frente de programas de televisión donde gritan mucho con el único objetivo de que te vuelvas gilipollas. Eso sí, al menos descubrí la escritura como mi única vía de escape.

Pero todo puede llegar a cambiar, más si cabe cuando la situación se vuelve insostenible y una persona ya no puede renunciar a más de sí mismo. Llegado ase momento, o tomas decisiones drásticas, o te encargas un pijama de madera.

Desde ese momento tengo la sensación de que mi vida comenzó. Dejé un trabajo en le que me hacían la vida imposible y me reintenté profesionalmente. Conocí a la mujer de mi vida que me ha dado una maravillosa hija y que me ha apoyado en todos los proyectos que he emprendido. He salido de mi zona de comfort de una forma increíble.

Casi no reconozco a aquel ser con más pelo y menos vida. Igual que ese antiguo yo jamás imaginó que en apenas 10 años, tendría que compaginar reuniones en inglés con los deberes de una hija que te obliga a ser mejor persona cada día, que desempeñaría un rol no existía años atrás, que escribiría varios libros, que se atrevería a con la actuación y que mantendría la necesidad de seguir aprendiendo de personas que desbordan talento.

Por eso puedo decir que hace 11 años todavía estaba en una especie de estado larvario de lo que es vivir. Espero continuar evolucionando y que dentro de 11 años pueda decir que he sabido aprovechar las oportunidades que ha puesto la vida en mi camino.

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