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Pudor desnudo

Pudor desnudo

Tiempo de lectura 1 minuto

La brisa marina movía levemente los rizos de Anmaniu. Su rostro angelical rivalizaba con el esplendor de su desnudez bañada por el tibio sol.

Desde su toalla observaba, relajada, cómo sus compañeros retozaban en la orilla del mar. Disfrutaba sobremanera viendo tal derroche de alegría y vitalidad.

El grupo decidió tomarse un respiro en su baño para pasear por el borde del mar.

Uno de los amigos se acercó a ella.

-Vamos a pasear un poco –con su sonrisa afable le invitaba a levantarse-, acompáñanos.

Anmaniu algo turbada no respondió y agachó la cabeza.

-No te preocupes, todos estamos desnudos…y todas…Llevas toda la tarde sin moverte –el joven buscaba la forma de conseguir que la muchacha se levantara-, te vendrá bien estirar las piernas.

-Id yendo –dijo finalmente, sin alzar el rostro para ocultar su rubor- yo os alcanzaré.

El joven aceptó la vaguedad de la respuesta y echó a correr para alcanzar al resto de amigos.

Cuando Anmaniu consideró que la distancia era suficiente, se puso en pie y comenzó a caminar; observando avergonzada que sus pies delataban su naturaleza inhumana al no dejar huellas en la arena.

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