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misterio

Una mañana de noviembre

Tiempo de lectura 3 minutos

La puerta de la habitación se abrió de par en par y la cegadora luz de la mañana inundó el dormitorio.

Remarento se frotaba torpemente los ojos, lo justo para distinguir el contraluz que hacía su deliciosa esposa en el quicio de la puerta.

—¡Vamos perezoso! te has quedado dormido.

—Sí, cielo. Perdona, he dormido fatal. Estoy …

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